«Le hago una pregunta y sé que me entiende, lo veo en su cara, pero no consigue contestarme.» «A veces suelta una palabra que no tiene nada que ver con lo que quiere decir.» «Habla, pero yo no logro entender lo que dice.» ¿Es afasia?

Si has llegado hasta aquí probablemente te suene alguna de estas frases. Es una de las situaciones más desconcertantes para las familias que acompañan a alguien tras un ictus o un daño cerebral: la persona sigue «ahí», sigue siendo ella misma, pero la comunicación se ha roto de una forma que no acabas de entender.

Ilustración de una persona con afasia que comprende una conversación pero tiene dificultades para hablar, junto a un familiar, representando los diferentes tipos de afasia.

Y es que la afasia no es una sola cosa. Bajo ese nombre se agrupan alteraciones del lenguaje muy distintas entre sí, que afectan de forma diferente a la comprensión, al habla, a la lectura o a la escritura. Saber diferenciarlas no es solo curiosidad: cambia por completo cómo hay que comunicarse con la persona y qué tipo de rehabilitación necesita.

Por qué «entender pero no hablar» tiene una explicación neurológica

El lenguaje no vive en un único punto del cerebro. Comprender lo que alguien dice y producir una respuesta son procesos que dependen de zonas distintas, conectadas entre sí. Cuando una lesión —por un ictus, un traumatismo o una enfermedad neurodegenerativa— afecta a una de esas zonas y respeta la otra, aparece justo esa disociación que tanto desconcierta a las familias: la comprensión se mantiene relativamente conservada, pero la expresión queda gravemente dañada.

Esto es, a grandes rasgos, lo que ocurre en la afasia de Broca, una de las más conocidas y también una de las más duras de presenciar para el entorno cercano.

Afasia de Broca: sabe lo que quiere decir, pero no le salen las palabras

La persona con afasia de Broca comprende bastante bien lo que se le dice, sobre todo en conversaciones sencillas y contextualizadas. El problema aparece al intentar hablar: las frases se vuelven cortas, entrecortadas, con esfuerzo evidente. Puede que solo consiga decir palabras sueltas («agua… quiero… no…») en lugar de frases completas, u omitir conectores y artículos.

Es habitual que la persona se dé cuenta de su propio error y se frustre, porque sabe exactamente lo que quiere transmitir, pero el mensaje se queda atascado antes de salir. Esta conciencia del fallo es, precisamente, uno de los rasgos que ayuda a diferenciarla de otros tipos de afasia.

Afasia de Wernicke: habla con fluidez, pero el mensaje no llega

Aquí ocurre casi lo contrario. La persona habla con soltura, incluso con un ritmo normal o rápido, pero el contenido no tiene sentido: aparecen palabras inventadas, sustituciones («silla» por «mesa»), o frases largas que no llevan a ninguna parte. A esto se le llama habla fluente pero vacía de contenido.

Lo que más desorienta a las familias en este caso es que, además, la comprensión también suele estar alterada. La persona puede no ser consciente de que se está expresando de forma incoherente, lo que a veces genera situaciones tensas: puede parecer que «no colabora» o que «no presta atención», cuando en realidad no está percibiendo su propio error.

Afasia global: cuando ambas vías están afectadas

Es la forma más severa. Tanto la comprensión como la expresión están gravemente comprometidas, y la comunicación verbal puede quedar reducida a muy pocas palabras o incluso desaparecer casi por completo. Suele aparecer tras lesiones extensas y requiere, desde el primer momento, apoyo de comunicación alternativa (gestos, pictogramas, expresión facial) junto con la intervención logopédica.

Afasia anómica: la más sutil, y también muy frecuente

Es un tipo de afasia leve, a menudo la fase final de recuperación de otras afasias más graves. La persona conversa con bastante normalidad, comprende bien y construye frases correctas, pero le cuesta encontrar palabras concretas, sobre todo sustantivos: nombres de objetos, de personas conocidas, de lugares. Es habitual que recurra a rodeos («la cosa esa de cocinar… para remover») en lugar del nombre exacto.

Muchas familias no llegan a identificarla como afasia porque el lenguaje «suena» casi normal. Sin embargo, para la persona que la vive, esa dificultad constante para nombrar puede ser muy frustrante en su día a día.

Por qué diferenciar el tipo de afasia cambia la forma de comunicarte

No es lo mismo hablarle a alguien con afasia de Broca —donde ayuda dar tiempo, no completar sus frases de forma automática y ofrecer apoyos visuales— que a alguien con afasia de Wernicke, donde conviene usar frases cortas y directas, y comprobar activamente si el mensaje ha llegado, sin dar por hecho que «sí entiende porque asiente».

Adaptar la comunicación al tipo concreto de afasia reduce la frustración de ambas partes y hace que los intentos de comunicarse tengan más probabilidades de éxito. Por eso una valoración logopédica especializada no es un simple trámite: es la que determina qué está fallando exactamente y qué estrategias van a funcionar con esa persona en particular.

¿Qué puede hacer un logopeda especializado en afasiología?

El primer paso siempre es una evaluación específica del lenguaje, que permite identificar qué procesos están conservados y cuáles alterados: comprensión auditiva, repetición, denominación, lectura, escritura. A partir de ahí se diseña un plan de rehabilitación individualizado, que puede incluir ejercicios para recuperar el acceso a las palabras, estrategias de comunicación alternativa cuando el habla está muy limitada, y pautas concretas para que la familia sepa cómo facilitar la comunicación en casa.

La recuperación del lenguaje después de una lesión neurológica no sigue un camino lineal ni igual para todos, pero cuanto antes se identifique el tipo de afasia y se inicie una intervención adecuada, mejores suelen ser las posibilidades de progreso.

Si tu familiar ha sufrido un ictus u otro daño neurológico y notas cambios en su forma de hablar o de entender, no hace falta que esperéis a tener todas las respuestas antes de pedir ayuda. Una valoración especializada es precisamente el punto de partida para empezar a entender qué está pasando y cómo podéis avanzar juntos.

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